Septiembre es el mes del regreso. Cuando se queda vacía la playa y todos vuelven a la locura de la ciudad.
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Playa de Los Alcázares, septiembre. |
Tradicionalmente es la vuelta a la normalidad, en realidad un año nuevo. Es uno de mis meses favoritos, me gusta el shock que supone volver a ver las calles de este pueblo costero desiertas, es curioso, porque hoy es igual de verano que ayer, pero parece otro mundo diferente.
Ya no se oye el griterío de los niños, ni las aceras están atestadas de gente tostada, ni la arena parece el campo aledaño donde crecen apretadisimas alcachofas. En Septiembre vuelve el ritmo pausado de vida pueblerina, vuelve el mar a ser mar y no piscina, vuelve a gustarme estar aquí.
El pueblo es pueblo y los que se van se llevan lo que trajeron: el ajetreo y el ruido, las vacaciones (que yo no tuve) , los tuppers y la tortilla, la cháchara y el reggaeton. Se llevan Madrid a la capital, Murcia a los huertos y con ellos sus atascos e incomodidades. Les agradecemos su visita y vuelvan cuando quieran.
De momento yo me quedo aquí, con la playa desierta, jalonada por alguien que pasea ensimismado en sus pensamientos, que se deja acariciar por la brisa, que escucha las gaviotas y que a buen seguro comparte mi alegría.