martes, 20 de septiembre de 2011

Sobre el basket, y el futbol de centrales lecheras y demás

Campeones y ejemplo a seguir

En baloncesto cuando un jugador hace una falta levanta el brazo asumiéndola. En futbol cuando en cuanto hay contacto…al suelo. Cuando se da una patada alevosa y asesina al tobillo, con los tacos por delante, se protesta como si se fuera víctima de una confabulación universal.

El baloncesto sigue teniendo un código de honor por el cual, con más o menos ganas, se echa una mano al árbitro siempre. Se asume la falta y a otra cosa. Se intentan provocar faltas en ataque, pero si te pillan la falta es tuya. Se dan leñazos fuertes, pero es muy difícil que expulsen a alguien. Hay nobleza y reconocimiento del trabajo de todos. Hay competencia pero no enemistad.

Marca tv, etc...Poco serios.
En futbol hay piscinazos y tretas, ficciones y teatros. Centrales lecheras y cavernas. Todo menos echar un cable al árbitro, todo menos honor. Cada día se parece menos a un juego y mas a un cuento maniqueo de malos y buenos. No se compite se guerrea. No se informa, se manipula. No es fuente de valores sino de conflictos.

En los últimos tiempos se nos ha prostituido el deporte que nos gusta, se ha alejado de los códigos de caballeros, y de entre el fango surgen estrellas de plastilina como Coentrao al que se le puede modelar para costar 30 millones de €, o autenticas campañas anti Guardiola (la cantinela de la falsa modestia, bla,bla,bla). Se dan casos donde los que dan las patadas se sienten agredidos y los que las reciben no abren la boca (Marcelo/Cesc). Se llega al caso de que no se habla de deporte sino de “el otro futbol” y no se analiza “el futbol de verdad”.

Titulares poco serios
Creo que lo que J. Mourinho trae esta liga la aleja de lo que nos enseñan las figuras del basket que tenemos vistiendo la roja. No hay teatro que valga ante el talento, no hay juego duro que pare a un equipo bien hecho, no hay lesión que pueda con una racha ganadora, nadie es más guapo, ni rico, ni mejor jugador.

Creo que alguien debería tomar nota y apostar por la pureza que es lo que a la gente le gusta. Rivalidad sin compasiones, patadas, presión, orgullo y talento. Se imaginan que por ejemplo Piqué hace una falta levanta el brazo y la acepta, saluda al rival y siguen jugando. O que Pepe se reconcilia con el mundo y se quita la crispación de encima y sigue siendo un tipo duro pero no sucio, y después de una infracción sigue hablándose con los compañeros.

Se imaginan que en el próximo clásico no hay tanganas pellejeras y después del futbol se saludan todos y se habla de lo bien que jugó el uno o el otro…y punto. El deporte ganaría y sería un buen ejemplo para los peques que lo siguen con devoción. Yo de momento seguiré emocionándome con los energúmenos del balompié y gozando ante el espectáculo noble y épico del baloncesto.

La penúltima vez en Italia

Que mejor manera de volver a abrir este blog que con la bellisima Italia. Hace ya seis meses que anduve por aquella maravillosa tierra. S...