jueves, 3 de febrero de 2011

La nada


 Cerca de Santiago de Chile. fuente: Microsiervos.
Despertando; soñando; resoplando; andando; conduciendo; llegando; la nada.

Se multiplican los ademanes; el gesto se quiere volver hacia él, saluda a los que pasan, los que pasan miran; no ven.

La ausencia de excitantes atenúa la ansiedad; el día; la noche; el alba; el crepúsculo; nacer y morir, cantar y llorar todo se mezcla en el amanecer; después nada.

El sol brilla pero no calienta, hay un cazador apostado en su puesto, canta la perdiz, suena el disparo: otra perdiz que no cantaba yace en el erial. Los tristes mueren antes.

Se levantan barreras, en Túnez, en Egipto, en Internet. Se saltan los protocolos, se ciñe el cinturón de la Merkel, no somos nadie le comenta el difunto ZP, según lo cuenta Francino.

Chirria el walkie, ininteligibles voces del mas allá, ecos de las personas que parlamentan. Respuestas de autómatas, robots, maquinas de estar en el mundo.

Desde la atalaya del presente a veces es difícil juzgar a las hormigas, desde la prisión del destino a veces es difícil que te comprendan. ¿Qué dios te guarda?.

Sin fe en nada más que en uno mismo no se puede permitir el fallo. El mundo en un bostezo, el reino por un caballo que quiera volar; la mañana y la vida eterna en cinco minutos.

Continuo tintineo de oro devaluado, horas no de gloria sino de nada, ni siquiera baloncestísticos minutos de la basura, lanza un papel y la papelera lo devuelve enojada.

Circula con viento fresco el día, pasa la hora de comer. Barras metálicas simulan el glamur de Alcatraz, cámaras de vigilancia que no saben escuchar y la vigía huérfana de Hemingway.

Se agacha Lorenzo, que luce un traje rojo hecho a medida por el tiempo, impasible saluda a los que nunca oyeron cantar sobre barcas con alas, a los que solo están por no dejar de ser.

Sopla el inoportuno levante, amenaza lluvia con negros augurios, el frio despeja dudas, viene temporal, huele a mar, aquí el horizonte siempre queda un poco más allá, más arriba.

La tarde llega como su nombre mal y nunca, se rompe el cielo y resuena Thor en el microondas de segunda clase, el café artificialmente recalentado reconforta el chubasco de fuera.

El tiempo es pesado como el plomo de las nubes de agua, despacio va recorriendo y esculpiendo otro día en las mentes rocosas, en los cuerpos pasajeros.

Se cierra la barrera, otra jornada con su peonada; otro día que es menos de lo que se espera; otro que espera a mañana llega al lugar donde habita la nada.

Conduciendo; andando; resoplando; llegando… soñando; durmiendo.

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