martes, 7 de junio de 2011

El trompetista de la plaza de Santo Domingo


Cuadro sacado de la web: www.antoniablayahuescar.com/
Últimamente estoy en plena crisis creativa. A veces la ficción se me encarama a la chepa y me ayuda a solventar el día a día, pero es que ahora ni eso. El mundo podrido: Libia olvidada; Siria machacada; Alemania a por nosotros-pepinos y hortalizas falsamente acusadas. La lirica ausente entre devoluciones y reclamaciones; el verano asoma por detrás de las nubes y yo en el centro comercial.

El movimiento 15M y DRY se consume en disensiones internas, vimos asomar la playa debajo del asfalto, pero rápido la cubrimos de nuevo con esa oscura pátina de las ideologías.

Por eso en estos días en que camino por no quedarme quieto, me cuesta horrores encontrar la rima y el ritmo. Después de más de 160 entradas, unas de verdad otras de mentira; unas sinceras y otras de política, por primera vez creo que necesito mas una cerveza que una tecla. Necesito mas latir y menos pensar, me cuesta pulsar el estado de la vida cuando la decepción es el aura de toda mi generación. Cuando desde fuera te chillan y desde dentro te gritas a ti mismo. Cuando sabes que necesitas la revolución pero no das un paso. Cuando oyes ecos lejanos de Paris y te das cuenta que Lady Gaga no son los Beatles. Son otros tiempos, quizás los mismo tiempos aunque desmejorados. Cada uno apechugue con lo suyo y que se salve quien pueda.

Aun después de todo eso, a veces, en un rincón queda lugar para la música. Sin voz ni voto, sin letra ni mensaje, solo la música. Ayer fue en la plaza que tanto conozco (Santo Domingo, Murcia). De paseo en el día libre con un viejo amigo,con "la calor" típica, en el recuerdo sabor a gin-tonic, en la vieja ciudad, en la gran plaza con el ficus, en un ladito de la iglesia, sonó la trompeta de un músico callejero, ayer tenía que ser. Sonó Yesterday, solitaria, melancólica y bajo el sol de una tarde mediterránea. Entonces y por un segundo los Beatles no fueron Lady Gaga, la revolución fue sincera.

Esa plaza provinciana, soleada y alegre no envidió en nada a Paris y su barrio latino, por un segundo me creció el pelo, mis vaqueros fueron de campana; sonreí y la trompeta me inspiro, respiré profundamente, saboree la vida y cambie decepción por futuro. Cambie gris por color, y así fue como lo antiguo trajo lo nuevo. Siempre estaré agradecido al trompetista de la plaza de Santo Domingo le debo un vino, le di unas monedas que agradeció con un gesto casi imperceptible.

Galicia

Por avatares de la vida esta semana pasada estuve en Galicia, mas concretamente en Lugo. Hoy que aquella tierra arde a manos de terrorista...