miércoles, 10 de noviembre de 2010

Historias de mar

Navegando el seno de ultima Esperanza. Un aire a Russell Crowe. :p
Si hay una cosa que a uno le tienta cuando está entre cuatro paredes es el ancho del mar. Me tienta y me acoge, me gusta el zarandeo de los barcos y sus habitantes, me inspiran y me llaman. Aquello de los cantos de sirena debe de ser…
Si hay una manera de viajar que es épica, romántica, heroica, histórica, magnifica, relajante e intensa es hacerlo en barco.


El Ferry a Carloforte en Sardegna
Hace poco me encontré con un viejo amigo de mi epoca inglesa (Yo trabajé en el mejor casino de Liverpool) que ahora es croupier en un barco de aquellos de cruceros, un barco gigantesco, una ciudad flotante. Este amigo, me decía que después de su parada en Cartagena, iba a Cádiz, Lisboa, y de vuelta a Liverpool. Hoy he visto en su Facebook que está en Miami, esperando para hacer el siguiente tramo del crucero, dirección sur hacia el Caribe.

Me contaba hace un par de semanillas en el puerto milenario que estaba un poco harto; que en realidad no es tan bonito; que cobraba poco, que se pasaba los días metido en el camarote; que no se llevaba bien con los filipinos de la tripulación; que pasaba por casa una vez cada 6 meses…

Yo me acordaba mientras lo oía hablar con su rudo acento scouser de aquel placido día en el velero Yaquestay, con otra gente, con otros amigos, cuando nos cruzamos con un super carguero y yo sin dudarlo decía: “Yo me iria gustoso en ese barco”. Me venía a la cabeza, cuando en el ferry de Calassetta a Carloforte en Sardegna me imaginaba la vida del capitán, de aquí para allá, en travesías de una hora, en un entorno azul mediterráneo bellísimo, seis al día. También en mi piel se agitaba el frio de aquel barco que navegaba por los senos patagónicos, casi en el fin del mundo, dos veces por semana, paseando turistas, o el viento loco que zarandeaba la barquichuela que nos enseñaba las ballenas del norte de Noruega en un día de frigorífico…

La barquichela ballenera Svolväer, Noruega.
Todos son marineros: El aburrido crupier de un crucero de lujo; el patrón festivo del velero de recreo; el capitán rutinario del ferry italiano, el intrépido ayudante patagónico; el tipo brillante que siempre sabia donde encontrar los cetáceos.

Todos marineros, todos con la mirada honda del que sabe que el que manda es el mar; todos guardando dentro la milenaria sabiduría del que es una gota en el océano. La modestia del que conoce el mundo desde el lado azul. Todos enamorados de esa locura que es desafiar los confines de la navegación, todos deseando pisar tierra firme; todos embarcándose de nuevo, cada vez cada día en un viaje sin final.

La penúltima vez en Italia

Que mejor manera de volver a abrir este blog que con la bellisima Italia. Hace ya seis meses que anduve por aquella maravillosa tierra. S...