miércoles, 7 de julio de 2010

Alemania y San Fermin


Hoy no tenía claro si hablar del "rebelde" Valcárcel, de las bicis en verano o de alguno de esos viajes exóticos. La tele me ha escrito la entrada de hoy.

Resulta que he visto el primer encierro de San Fermín -lo siento anti taurinos, lo siento de verdad-.
Me sigue llamando la épica, la valentía, la insensatez, y la locura de la tauromaquia. No soy un fanático, pero me gustan los pueblos con costumbres arraigadas, las gentes con ganas de fiesta y de vino. Lo que engancha a la gente es la adrenalina y el riesgo. A mí me gusta verlo, cada verano desde la barrera del sofá y con un gran café. Esto lo he heredado de mi madre, la cual cierra los ojos cuando hay peligro y se emociona cuando hay arte, ella toda su vida se ha levantado temprano, pero durante los "Sanfermines" hace un break y se sienta a desayunar, como yo, antes era conmigo. No entendemos de toros ni de toreros pero nos gusta oler la fiesta desde lejos, sufrir con los mozos, sufrir por los animales y sonreír cuando todo termina. Los encierros son breves, populares, valientes, intensos, divertidos y adictivos. Como las cosas buenas de verdad.

Después del encierro, acto seguido, han empezado el bombardeo de nuevo- FUTBOL- , me gusta mucho, me encanta que la selección este en unas semis, pero son muuuuy pesados en todos los canales. Tanto que estoy deseando que acabe el mundial. Hoy todo el país juega contra Alemania, ni más ni menos. Antiguamente nos hubiéramos cagado en los pantalones de pensarlo, hoy quien mas y quien menos tiene confianza en los muchachos.

Mi relación con los teutones es un poco extraña, he recorrido la gran Deutchland de sur a norte en tren, es un país bonito, civilizado, y con grandes ciudades muy cosmopolitas.

A mí me gusto particularmente Múnich con su magnífico casco antiguo, aunque Berlín tiene mucho encanto por el peso de la historia y Hamburgo es exactamente lo que uno se imagina cuando piensa en ella. También conocí Rostock, Munster y Ulm, de las cuales poco puedo decir, salvo que son muy...Alemanas.

En Dachau viví una experiencia muy intensa que ya os conte en la entrada que le dedique. En un tren nocturno aprendí tres palabras de boca de un simpatiquísimo policía: Passport/auf/Bitte , con esas tres palabrejas me despertó unas 10 veces en 5 horas, majo el tío.

Por eso digo que mi relación es un poco rara: recuerdo estética depurada en las ciudades, encanto en los parajes naturales, valkirias en bicicleta, rubias magnificas embotelladas delicadamente y hamburguesas sabrosísimas y autenticas. Pero también recuerdo mustios guardias, gentes frías y albergues paupérrimos.

Alemania es un país tan grande y con tanta historia que hay tiempo para todo, supongo.

Espero que esta tarde ganemos y que ellos disfruten de su buena cerveza, yo me quedo con la Estrella de Levante.

La penúltima vez en Italia

Que mejor manera de volver a abrir este blog que con la bellisima Italia. Hace ya seis meses que anduve por aquella maravillosa tierra. S...