martes, 21 de diciembre de 2010

Desde el abismo

Si se vendia, si.
Últimamente he estado un poco despegado de la tecla, lo siento, pero es que la búsqueda incesante de empleo absorbe buena parte de mis energías.

Físicamente, patear la ciudad sin tener un destino claro es un agotador, aunque en realidad lo que cansa y aplasta es dar vueltas, ver como todos van a algún sitio, todos tienen algo que hacer, menos tú.

La mía es una historia vulgar, de un licenciado en una carrera no técnica (Historia), que decidió ser independiente y no hacer lo que le decían que hiciera: Opositar. Además este pobre diablo un día decidió emigrar, y paso una temporadita en la tierra de los Beatles donde a la par de alcanzar un notable dominio de la lengua de Shakespeare vivió una experiencia maravillosa de la que aun guarda grandes amigos .A la vuelta coincidió en el tiempo con la mayor burbuja económica de la historia de España: tuve la suerte de vivir el boom inmobiliario en la tierra de los resorts y campos de golf (Murcia) así que nunca me falto trabajo, por lo que nunca me plantee redirigirme hacia la docencia, tenía expectativas, tenía un camino.

La burbuja me permitió la independencia económica, mi trabajo me dio un alquiler en la playa y un flamante Altea rojo. Al mismo tiempo yo personalmente vivi el crecimiento de una empresa inmensa acuciada de caciquismo endémico; vi como los que apenas tenían un terruño poco después conducían coches de empresa, vi como se multiplicaban los directivos y el presidente conducía un carraco de 120.000 €, vi como un albañil al que su padre le dejó un “capazo con herramientas” se convertía en “constructor” de pitillera de plata. Con los ojos como platos recibí (junto con los otros mil empleados) DOS cestas de navidad el mismo año: Una de bebida y otra de comida, generosa burbuja.

También vi gente buena, con ganas de trabajar, que enloquecía dentro de un sistema en el que lo único importante de verdad es que se o llevara muerto quien se lo tenía que llevar. Claro que de eso te das cuenta cuando estas fuera de la rueda, cuando vas con la soga al cuello lo único que ves es la zanahoria que te ponen delante, aunque sospechas que no te la comerás tu, sino el jinete de te cabalga.

Luego empezó a deshacerse como un azucarillo el gigante con pies de barro, yo mismo vi como a un pobre tipo le cortaban el teléfono, y cuando desde el fijo más próximo llama a la central, le dicen desde RRHH: “Acércate que tienes que firmar el finiquito”. Los viernes eran días duros, de despidos, vi cientos llorar, demasiadas lágrimas para alimentar a la burbuja. Gente hipotecada que dejó su anterior empleo por pura y humana codicia, gente humilde que empezaba a despegar, jóvenes que tenían allí su primera oportunidad. Todos encaraban el viernes pensando ¿Me tocara a mi hoy?.

Finalmente me llego el turno, yo lo estaba deseando, la verdad, después de cuatro años ya no me creía la milonga, sabía que allí no podía aspirar más que a poner el lomo, humanamente necesitaba aspirar a más respeto, más dinero y mas tranquilidad. Me fui contento, con lo que me correspondía y quedando muy bien con todo el mundo. Me dedique a estudiar muchísimo, tanto que a la primera aprobé la oposición de profesores de enseñanza secundaria… Pero me tope con los recortes, las listas de interinos inertes y la educación de mi región en bancarrota. Otra vez llegue tarde y mal.

No es culpa de nadie, solo mía. Nunca tuve una especial gracia para elegir mis esfuerzos, y por eso me encuentro: Con una carrera sin otra utilidad que la de ganar al trivial; con un pasado laboral disperso y sin saber nada en especial; con un idioma que es un complemento, pero no algo decisivo; con una oposición aprobada en la época de los mayores recortes del estado de bienestar de la historia de España; buscando trabajo en cualquier Burger King cuando el desempleo es del 23% en mi región…

Una historia vulgar, real y de primera mano que os cuento con la esperanza de un futuro mejor, pero teniendo serias dudas sobre ello. No veo como, ni cuando, la verdad. Me siento una herramienta usada de albañil, arrumbado en la capaza sin capacidad de decidir sobre mi presente, ni mi futuro. Me siento parte de una generación equivocada que siendo la mejor preparada de la historia, sufre de mal gobierno y peor mercado. Nos agarramos con las uñas a las paredes de un abismo, oscuro, peligroso y perversamente escurridizo. 

La penúltima vez en Italia

Que mejor manera de volver a abrir este blog que con la bellisima Italia. Hace ya seis meses que anduve por aquella maravillosa tierra. S...